Vivimos tiempos extraños. O, tal vez, la vida en sí es extraña. Y eso la acerca al misterio y, por lo tanto, a la belleza.

Ana Frank escribió en su diario: «No veo la miseria que hay sino la belleza que aún queda».

De ahí, de esa belleza clandestina y oculta, se alimentan todos y cada uno de los poemas de este libro. Tan solo con eso ya sería suficiente para devorar página tras página hasta quedarnos sin aliento. Pero hay más; mucho más.

Del prólogo de Javier Cano.

https://hankover.blogspot.com/2019/03/huelga-decir-prologo.html

Abel Santos no es un poeta social, es un poeta humano y con los ojos bien abiertos. Como tal, le es imposible dejar de lado el entorno en que vive, la situación que se da en su país, en su sociedad, las injusticias que afectan al ser humano.

Abel ha conocido la parte más oscura de la vida, pero también la más clara, la del valiente que supera los peores tramos de una existencia y sale vencedor de una verdadera lucha de gigantes. Desde esa conocedora y amplia visión del mundo a pie de calle, nos ofrece un poemario donde presenta (y denuncia) la situación de un país, de una sociedad, en la década que va desde 2008 hasta el 2018, pero no una visión global, sino una visión al detalle, mediante pequeñas y punzantes verdades.

Ze Pequeño (Gemma Rabaneda ), Revista Poémame.

Retomando el título de su antología: Demasiado joven para el blues (2014), ha dejado de ser demasiado joven, y el blues se transforma en un haz lleno de matices que van desde la ternura a la rabia, de la intimidad a la denuncia. Es un libro para los tiempos de crisis, de amor y crítica social.  Como siempre, un clarísimo acento autobiográfico impregna este marcadísimo tono comprometido de poeta contra la crisis, “Donde el amor siempre cuenta” (Cuenta la suerte a pulso).

Javier Gallego Dueñas, Profundamente Superficial.

http://profundamensuperficial.blogspot.com/2019/05/resena-de-abel-santos-huelga-decir.html